INTRODUCCIÓN
La existencia del ser humano tiene unos 6 millones de años,
desde que era un Australopitecos, más simiesco que humano, pero que ya mostraba
algunas características humanas, por ejemplo el bimetalismo y cierta conducta
social.
La evolución, el proceso de cambio a lo largo del tiempo, es un hecho que
conecta a la enorme diversidad del mundo vivo. Una inmensa cantidad de evidencias indica que la
Tierra ha tenido una larga historia y que todos los organismos vivos (incluido el ser humano)
surgieron en el curso de esa historia, a partir de formas anteriores más
primitivas. Esto implica que todas las especies descienden de otras especies;
en otras palabras, que todos los seres vivos comparten antecesores comunes en
el pasado distante. Así, los organismos son lo que son a raíz de su historia.
La llegada de los primeros americanos la Primera Edad del Hierro en Europa Central, Francia y los Balcanes, la aparición de los antiguos americanos que comienzan a experimentar con el cultivo de
plantas y la cría de animales, iniciando un largo proceso hacia las primeras
poblaciones sedentarias. Y sus culturas homogéneas.
PREHISTORIA
La Prehistoria (del
latín præ: ‘antes de’, y
del griego ιστορία: ‘historia’) es, según la definición clásica, el período de tiempo transcurrido desde la aparición de los primeros homininos, antecesores del Homo sapiens, hasta que tenemos constancia de la existencia de documentos
escritos, algo que ocurrió en primer lugar
en el Oriente Próximo hacia el 3300 a. C.; en el resto del planeta, posteriormente. Según otros autores, la Prehistoria terminaría en
algunas regiones del
mundo antes, con la aparición de las sociedades
complejas que dieron lugar a
los primeros estados y civilizaciones. Es importante señalar que según las nuevas interpretaciones de la ciencia
histórica, la prehistoria es un término carente de real significancia en el sentido que fue entendido
por generaciones.
En ese sentido, el fin de la Prehistoria y el inicio de la Historia lo
marcaría una estructuración creciente de la sociedad que provocaría una
modificación sustancial del hábitat, su aglomeración en ciudades, una socialización avanzada, su jerarquización, la aparición de
estructuras administrativas, de la moneda y el incremento de los intercambios comerciales de larga
distancia. Así, no sería muy correcto estudiar dentro del ámbito de la
Prehistoria sociedades de carácter totalmente urbano como los incas y mexicas en América,
los ghana y Zimbabue en África o los jemer en el sudeste asiático, que solamente son identificados con este
período por la ausencia de textos escritos que de ellos tenemos1 (los mayas han entrado hace muy poco plenamente en la Historia al haberse
descifrado sus glifos, que tienen valor fonético, por lo que forman un verdadero lenguaje).
Prehistoria, Historia y Arqueología
Arqueología
Desde el punto de vista más tradicional, se considera que la Prehistoria
es una especialidad científica que estudia, por medio de la excavación, los
datos de este periodo de la Historia que ha precedido a la invención de la
escritura. Los restos
arqueológicos son la principal fuente
de información y para estudiarlos se utilizan numerosas disciplinas auxiliares,
como la física nuclear (para efectuar dataciones absolutas), el análisis por espectrómetro de masas (de componentes líticos, cerámicos o metálicos), la geomorfología, la edafología, la taxonomía, la traza logia (para las huellas de uso), la paleontología, la paleobotánica, la estadística no paramétrica, la etnografía, la paleo antropología, la topografía y el dibujo
técnico, entre otras muchas ciencias
y técnicas. De manera que hay un gran número de personas que consideran a la
Prehistoria como una especialidad dentro de la Historia, pero mucho más
tecnificada y pluridisciplinaria.
Prehistoria en África
África es la cuna de la humanidad y es en la actualidad el continente en
el que más poblaciones siguen utilizando tecnologías prehistóricas. Resulta
fácil concluir que la prehistoria de África es la más larga y compleja de todo
el globo.4 Pero esto no siempre fue visto así, ya que durante el siglo XIX y
hasta mediados del XX se adjudicaba a Asia nuestro origen. Esta teoría era la consecuencia de que los fósiles
de homininos más antiguos con los que se contaba entonces procedían de allí:
el Hombre de Java y el de Pekín. Tal visión cambió radicalmente con los trabajos realizados en el
África austral y oriental, y publicados a partir de los años cincuenta del
siglo XX, que remontaron la antigüedad de los fósiles africanos (de Australopitecos y Homo) a cuatro millones de años atrás
África subsahariana
En el África subsahariana nacieron y evolucionaron buena parte de las
especies de homininos antepasados nuestros. De allí salió Homo
ergáster para colonizar Asia y
Europa, Homo antecessorhacia la Península ibérica y, finalmente, Homo
sapiens para dominar todo el
mundo.6 Posteriormente, el corazón del continente vio como florecieron
importantes culturas que fueron decayendo, unas por su propia dinámica interna
y, otras por la continua sangría provocada por la explotación colonial y/o
esclavista iniciada en tiempos de los cartagineses, y perpetuada por los romanos, los árabes y los europeos (estos últimos a partir de la Edad
Moderna).
Paleolítico del África subsahariana
En África subsahariana para
el Paleolítico suele utilizarse la periodización anglosajona, aunque ésta obvia
toda la fase de desarrollo correspondiente al género Australopitecos:
ESA (Early Stone Age o Edad de Piedra temprana) se refiere al periodo comprendido desde
la aparición del primer miembro del género Homo, hace más de dos millones y medio de años, hasta hace unos 200 000. Se
divide en dos etapas: olduvayense y achelense.
La industria olduvayense es
la más antigua del mundo. Aunque recibe su nombre del yacimiento epónimo
de Olduvai, en Tanzania, los hallazgos más antiguos aparecen más al norte, en Etiopía, concretamente en la cuenca del río Omo, donde la investigadora
francesa Heleen Roche ha datado herramientas talladas en el arroyo de Kada Gona (Afar), por medio del potasio-argón, en 2,6 millones de años de antigüedad.
La olduvayense es una industria compuesta, fundamentalmente, por cantos
tallados y lascas. Se atribuye normalmente al Homo habilis o al Homo rudolfensis, aunque según ciertos investigadores las especies más inteligentes de Australopitecos (por ejemplo
el Australopitecos) también pudieron elaborar herramientas, lo cual plantea numerosas
controversias.
La industria achelense apareció
hace 1,5 millones de años, al parecer ligada a una nueva especie humana,
probablemente Homo
ergaster,7 aunque existe un cierto hiato evolutivo en cuanto a los fósiles de
este periodo.
MSA (Middle Stone Age o Edad de la Piedra intermedia), es el periodo que va desde hace
200 000 años hasta hace 30 000. Se desarrollaron industrias muy
parecidas entre ellas, para las que se han establecido numerosas variantes
regionales basadas, sobre todo, en la influencia de la materia prima local, que
parece condicionar la tecnología y la tipología lítica.
LSA (Late Stone Age o Edad de Piedra tardía) es el último periodo del Paleolítico del África subsahariana. Las industrias típicas del África oriental son núcleos
discoides, piezas foliáceas bifaciales y microlitos geométricos. En África central tenemos el Lupembiense, cuyos artefactos más característicos son unos espesos picos foliáceos
finamente retocados. En el sur de
África encontramos la cultura aparentemente más sofisticada,
el Wiltoniense, de características microlíticas y laminares que fue extendiéndose
hacia el norte y perduró hasta épocas históricas, incorporando numerosas
innovaciones (llegando incluso, a neolitizarse parcialmente). Por último, en
el Sah
el hay industrias emparentadas con el periodo
anterior y con rasgos proteolíticos, como ocurre con el Guámbiense de Etiopía (un pueblo
de pastores nómadas que conocían la cerámica). En muchos de estos lugares tales
tecnologías se mantuvieron sin apenas evolución hasta la expansión bantú o hasta la colonización europea (por ejemplo, la cultura
Gwisho).
La metalurgia en la región subsahariana no pasó por las clásicas fases del Viejo
Mundo (cobre, bronce e hierro), apareciendo solo evidencias de fundición del hierro y en unas fechas
muy tempranas respecto a Europa. Hasta mediados de los años setenta del siglo
XX se relacionaba la expansión lingüística del grupo bantú por África central y austral (a partir del siglo V a. C. y a costa de, sobre todo, las lenguas
joisanas) con la del metal. Pero los
datos arqueológicos posteriores han desmentido este modelo de tradición
colonia lista. Así, las dataciones más antiguas relacionadas con artefactos
férreos se sitúan hacia el 1800 a. C. en lo que actualmente es el desierto de Níger. Sobre el 1300 a. C. para algunos puntos de África oriental, el 900 a. C. en el área del Congo y el 500 a. C. en Zambia yZimbabue.8
Noroeste de África
El África mediterránea tuvo, durante la Edad de Piedra, una
periodización equivalente a la europea, Paleolítico y Neolítico. Después, la influencia de la civilización egipcia y la llegada de
colonizadores fenicios aceleraron el ritmo evolutivo respecto a Europa.
Edad de Piedra en el norte de África
El Paleolítico inferior y medio están bien representados desde fechas muy remotas. Así, hay
numerosas evidencias del Olduvayense y del Achelense (más en el Magreb que en la zona del Nilo), pudiéndose añadir a
las industrias líticas diversos tipos de restos humanos (la mandíbula de Ternifine, en Argelia,
que podría ser atribuida a Homo heidelbergensis o el cráneo de Jebel
Irhoud, en Marruecos, de
aspecto neandertaloide). Durante este periodo existe similitud entre los grupos norteafricanos
y los de Europa occidental.
La cultura
ateriense parece romper esa
tendencia y separa la evolución técnico-cultural (especialmente en la zona
del Sáhara) de la de sus vecinos. Aunque
es similar al musteriense en algunas de sus técnicas líticas, tiene sus propias
particularidades que lo diferencian de aquel, como serían la costumbre de
elaborar utensilios pedunculados o una cronología que no podría ubicarse en las
fases de la Prehistoria europea (48000 a. C.-30000 a. C.,
aunque haya constancia de su pervivencia durante al menos diez mil años más).
La cultura
iberomaurisiense es también exclusiva del
norte de África, especialmente de las costas magrebíes. Su prolongada
cronología se solapa con el Ateriense y parece abarcar el equivalente a todo
el Paleolítico superior europeo, apreciándose en él una clara evolución. Se trata de un
complejo cultural con industria bien desarrollada y una industria lítica a base de hojas. Con el tiempo tendió a la microlitización, primero laminar y luego geométrica, atestiguándose un temprano empleo
de la técnica del golpe de microburil. En cuanto a los restos humanos, destacan los de Mechta el-Arbi
(Argelia), de tipo cromañoide.
La cultura
capsiense es otro grupo cultural
de origen claramente magrebí.11 Sus comienzos se sitúan hacia el 8000 a. C., dentro del Epipaleolítico local. Destaca por la abundancia de materiales, entre los cuales
se encuentran útiles laminares y microlíticos (los hay foliáceos de bella
factura), junto a las características botellas fabricadas en huevos de avestruz
y los abundantes concheros. La caza, la recolección y el marisqueo debieron ser
las fuentes principales de sustento. Hacia el quinto
milenio se convirtieron en semis
dentarios, adoptando la ganadería (complementada con una agricultura muy
rudimentaria) y utilizando la cerámica. Por todo ello, en esta fase final se
habla de un Neolítico de tradición capsiense.
El Neolítico de la zona del
Nilo es particularmente avanzado, con dos focos principales
situados respectivamente en el Delta (Merimdé), y en el alto Egipto (el Banderéense). Aunque ambas tienen sus propias particularidades y diferencias,
comparten ciertos rasgos que permiten sostener que existían relaciones entre
ellas. Tenían grandes asentamientos completamente sedentarios, cuya economía se
basaba en la agricultura y la ganadería. Sus cabañas, hechas con barro, ramas y
cañas, contienen hogares, silos para el grano e incluso inhumaciones en fosa
con ajuar. La cerámica es variada, mostrando modelos monocromos y otros
pintados, y el resto de la cultura material es muy rica: hay cuchillos de sílex
con una talla primorosa (tal vez ceremoniales), paletas de esquisto para la
mezcla de pigmentos, productos para la confección de tejidos, puntas de flecha,
ornamentos en piedras semipreciosas (a menudo importadas), estatuillas de
animales y de personas, y (en la etapa final) piezas de cobre. Estos grupos
culturales se inscriben en el llamado periodo predinástico de Egipto y son considerados como la etapa previa a la entrada de Egipto en
la Historia.
El metal y la entrada en la Historia del norte de África
El Nilo: La eclosión de la civilización
egipcia se inició ya en el IV milenio a. C. con el surgimiento de numerosas ciudades, los primeros jeroglíficos y la aparición de dos grandes estados (el Alto y
el Bajo
Egipto) en el periodo llamado Protodinástico. Estos estados acabaron siendo unificados por el primer faraón, el rey Narmer, aproximadamente en el 3150 a. C. De este modo, la zona oriental de África entró muy tempranamente
en la Historia y, además, se convirtió en un foco de irradiación cultural que
no solo afectó al Mediterráneo, sino también a gran parte del continente
africano.
El Magreb, en cambio es un caso muy
diferente. Mientras que durante el segundo
milenio antes de nuestra era buena parte del Mediterráneo comenzaba
a ser recorrido por navegantes a la búsqueda de materias primas como el cobre y
el oro, el Magreb quedaba al margen de este flujo de contactos e intercambios
económico-culturales. La etnia
bereber, de la que se desconoce su
procedencia (aunque los estudiosos creen que su lengua es de orígenes afroasiáticos), era predominante en la región. La primera noticia de este grupo
humano procede de textos egipcios datados en el 2300 a. C., donde se les denomina «téhménow»;
posteriormente los citaron en el año 1227 a. C. cuando parece que atacaron el Delta, pero esta vez ya se les denominó «libou», es decir, libios. Desde entonces los textos clásicos se
refirieron a los indígenas del Magreb como pueblos líbicos. Sus restos
funerarios se componen de cistas bajo túmulo, dólmenes (mucho más tardíos que los del occidente europeo) y, en los
momentos finales, unos pequeños hipogeos llamados «haouanets» (por
ejemplo, los de Debbabsa,
en Túnez).Paleolítico en Oriente Próximo
Paleolítico inferior: la presencia del ser humano
en la zona está documentada en Dmanisi (Georgia), con la aparición de unos restos denominados Homo
georgicus, relacionados con Homo erectus y Homo ergaster. Datados en
1.850.000-1.600.000 años de antigüedad, aparecieron acompañados de una cultura
material muy tosca, de tradición olduvayense.
Los primeros bifaces se encontraron en Ubeidiya (Israel), junto a restos humanos muy
antiguos. El Achelense típico de la zona comprendería desde hace algo más de 800.000 años
hasta unos 150.000 años atrás.
Paleolítico medio: es muy similar al de toda
la cuenca mediterránea, ocupada en aquella época por los neandertales, de tradición musteriense. El yacimiento de Mugharet
et-Tabun (Israel), ofrece una secuencia casi completa de este período:
las industrias más antiguas son del Achólense
final, seguidas de niveles con
típicas industrias musterienses y, ya en los superiores, piezas laminares auriñacienses.
Los fósiles humanos conocidos en la base de la secuencia temporal poseen
rasgos casi idénticos a los primeros Homo sapiens que aparecen en la MSA africana, con una antigüedad
probada entre 100.000 y 90.000 años. En cambio, los «Neandertales clásicos»
son, cronológicamente posteriores, datados a partir de 60.000 años. Todo parece
indicar que los seres humanos modernos llegaron a Oriente Medio desde África antes de que los
neandertales llegasen desde Europa, y que se encontraron allí, donde,
posiblemente, convivieron durante miles de años.
Paleolítico superior: parecen diferenciarse dos
complejos tecnológico/estilísticos paralelos, ambos con microbitos. Por un lado, estaría el Ahmariense,
que se caracteriza por una tecnología laminar formada por piezas de dorso y cuchillos, aunque el fósil director es
la punta de base retocada o punta
de El-Wad. Por otro, distinguiríamos el Auriñaciense levantino, procedente de Europa oriental y que se
caracteriza por grandes lascas y gruesas hojas que servirían de soporte para
raspadores, buriles y hojas con retoque escamoso; destacarían además las hojitas de Dufour y la industria
ósea.
Mesolítico en Oriente Próximo
Comenzó al finalizar la última glaciación. La caza y la recolección siguieron siendo básicas para la supervivencia humana (se
inventaron el arco y las flechas), pero, en algunas regiones, los nómadas se
fueron transformando en semis dentarios, la caza se especializó en unas pocas
especies, intensificándose, y la recolección se convirtió en forrajeo
organizado. Así surgieron los grupos mesolíticos más significativos de la región: los natufienses, que vivían
en pequeños poblados, asociados a silos, y poseían diversas herramientas para cosechar y elaborar cereales
panificables.
Neolítico en Oriente Próximo
Datado
hacia el 8000 a. C. en la región denominada Creciente Fértil, es decir, Mesopotamia (hoy
en día Irak) y Canaán (actualmente Siria, Israely Palestina). Allí se domesticaron algunas de las especies de
animales básicas para dar lugar a los inicios de la ganadería y se comenzaron a cultivar ciertas plantas
sin las cuales no entenderíamos la agricultura. Además:
·
Se modificaron algunas herramientas, como las
hachas pulimentadas.
·
Se recombinaron elementos conocidos para crear
otros nuevos: la cerámica y
los tejidos.
·
Se fundaron los primeros poblados estables (sedentarización).
·
Por primera vez se produjeron alimentos y otros
productos en mayor cantidad de la necesaria, creando excedentes.
·
Se produjo un fuerte aumento demográfico que hizo que alguna aldea se convirtiera
en proto-ciudad: Jericó (Cisjordania).
Edad de los Metales en Oriente Próximo
Aunque en
el Próximo Oriente el desarrollo de la metalurgia del bronce coincidió
con la aparición de documentos escritos y el nacimiento de las primeras
civilizaciones (dejando sin sentido que tratemos la Edad de los Metales como una etapa prehistórica global), la
fase calcolítica sigue
siendo todavía prehistórica.
Edad del Cobre en Oriente Próximo
El Calcolítico o Eneolítico es la Edad del Cobre (en
griego cobre se dice Χαλκός = «khalkós»).
El cobre comenzó
a ser utilizado durante el Neolítico en forma de objetos martillados a partir
de pepitas de metal nativo. Las primeras evidencias corresponden a la cueva
de Shanidar(montes Zagros, Irak),
donde se hallaron colgantes hechos con cuentas de cobre en niveles
correspondientes al 9500 a. C., o sea,
del Neolítico inicial.14 Empezó
a ser fundido en el sur de Anatolia y el Kurdistán durante
el VI milenio a. C. para
realizar punzones, agujas y adornos, mientras se seguían utilizando las mismas
herramientas líticas (o de otros materiales) del Neolítico, ya que los
artefactos metálicos eran menos eficaces que los de sílex u obsidiana.
Desde el
5000 a. C. en Ugarit (Siria)
y desde el 4500 a. C. en Palestina y Biblos (Líbano)
comenzaron a manufacturarse pequeñas cantidades de objetos metálicos que en el
caso de Biblos no solo fueron de cobre sino también de oro y plata.
A pesar
de que los fósiles directores de
esta fase son los objetos de cobre fundido, la metalurgia no es la principal
innovación asociada con este período. Complejos procesos como la
intensificación de la producción, la especialización artesanal o la
estratificación social provocaron una serie de fenómenos que desembocaron en la
aparición de las primeras
sociedades complejas o preestatales,
que se transformaron durante el Bronce antiguo en estados.
Edad de Piedra europea
La Edad
de Piedra europea sigue dividiéndose en tres etapas, siguiendo las propuestas
de John
Lubbock, que en 1865 separó
el Paleolítico y el Neolítico. A éstas se unió posteriormente el
Mesolítico/Epipaleolítico, gracias al descubrimiento del Tardenoisiense por Gabriel de Mortillet, realizado
entre 1885 y 1897. La
definición de las tres Edades de la Piedra fue precisada y enriquecida por las
propuestas de Henri
Breuil en1932. Desde
entonces, aunque se hayan revisado las referencias y muchos conceptos erróneos,
esta división apenas ha sufrido alteraciones relevantes.
El Paleolítico es el periodo más antiguo y largo de la historia
europea, comenzando hace aproximadamente un millón de años con la llegada de
los primeros humanos: Homo
ergaster u Homo antecessor. Posteriormente aparecieron otros tipos
característicos del continente: Homo heidelbergensis y Homo neanderthalensis. Homo sapiens sapiens llegó
desde África hace unos 50.000 años. Paralelos a la evolución humana se
produjeron cambios culturales: durante el Paleolítico inferior la cultura dominante en Europa fue el Achelense y
en el medio encontramos el Musteriense, propio
del hombre de Neandertal, aunque quizá el Châtelperroniense sea un epígono de este tipo humano. Con la
llegada del hombre
moderno17 se
sucedieron el Auriñaciense, Gravetiense, Solutrense y Magdaleniense. Otros
elementos importantes para comprender el Paleolítico son
las continuas oscilaciones climáticas denominadas glaciaciones, el
predominio de una economía de caza-recolección y el desarrollo del arte a partir de la llegada del Homo sapiens.
El Epipaleolítico/Mesolítico se refiere al periodo que
transcurre desde el final del último periodo glacial (hace unos 12 000 años) hasta
el comienzo del Neolítico (hace
unos 5000 años). Actualmente se discrimina entre grupos epipaleolíticos (aquellos que mantienen el modo de vida
propio del Paleolítico, sin cambios sustanciales, como ocurre con el Aziliense, por
ejemplo) y grupos mesolíticos (aquellos que muestran una
tendencia propia a evolucionar hacia la sedentarización y otros rasgos propios
de lo que luego será el Neolítico, como podría ser el caso del Tardenoisiense).
El Neolítico llegó a Europa en el sexto milenio a.C.,
procedente del Oriente próximo y a través de la Península balcánica y la cuenca Mediterránea, aunque hay
constancia ya en elVII milenio a. C. de
cronoculturas protoneolíticas en los Balcanes: se trata de pueblos acerámicos,
con una agricultura rudimentaria e itinerante, con ganadería y numerosas
pervivencias mesolíticas (caza, pesca y recolección, hábitats en cuevas, sin
hachas pulimentadas, etc.). Aunque los primeros poblados sedentarios son muy
pequeños, pronto se desarrollaron yacimientos como Sesklo o Nea Nikomedia, ambos sobre
elevaciones del terreno, con murallas y bastiones y, en su interior,
construcciones rectangulares con un vestíbulo de acceso, en las cuales se han
hallado cerámicas pintadas y figurillas femeninas la cerámica cardial. Estas
típicas cerámicas decoradas con impresiones de conchas de berberecho (Cardiidae) aparecen tanto en la
orilla africana como en la europea del Mediterráneo, desde Dalmacia a
la Península ibérica (verde claro en el mapa).
La neolitización penetró hacia el centro de Europa
durante el quinto milenio a.C. y a través del Danubio; su
fósil director es la llamada cerámica de bandas (pardo
claro en el mapa), cuya influencia se extendió desde lo que hoy es Hungría hasta
los actuales Países Bajos. La
cerámica de bandas está decorada en frisos superpuestos con motivos diversos,
destacando los meandros, las volutas y las formas angulosas. Los grupos que la
utilizaban habitaban en poblados fortificados, algunos de gran tamaño (hasta 40
hectáreas).
La Edad del Bronce, hasta
el 1500 a. C.. Hacia los momentos finales se
llegaron a construir algunos de los monumentos más impresionantes (como las
últimas fases de Stonehenge).
Los
monumentos megalíticos han sido interpretados como centros simbólicos y/o
rituales de las poblaciones de su entorno, de las cuales se conocen muy pocos
datos: algunas cabañas dispersas de madera o piedra, acumulaciones de sílex, fosas y
hogares, son las evidencias halladas. La excepción la constituye el interesante
poblado de Skara
Brae, en las
islas Orcadas(Escocia).
También se han encontrado en el norte y noroeste de Europa ciertos recintos
delimitados por fosos sucesivos, terraplenes y empalizadas, denominados campos atrincherados, que funcionarían,
posiblemente, como espacios rituales complementarios de los megalitos.
Edad de los Metales en Europa
Calcolítico europeo
Hasta los
años 70 del siglo
XX los
modelos difusionistas establecían que la metalurgia llegó a Europa a través
del Cáucaso y Anatolia en
el cuarto milenio a. C.. Pero
las dataciones de carbono-14 demostraron
que la balcánica era casi un milenio más antigua que la de sus supuestos
inspiradores y, así, investigaciones posteriores establecieron que, hacia el
4000 a. C., en la Península balcánica había surgido de manera autóctona una
industria minero-metalúrgica del cobre asociada a una rica orfebrería, en un
entorno social que algunos autores han llegado a denominar laprimera civilización europea. Situados
entre el Danubio y Tesalia, los
focos principales fueron Vinça, Gumelnitsa, Salcuta, Cucuteni y Tiszapolgar, contemporáneos de los complejos neolíticos griegos.
Los grupos balcánicos se extendieron por la actual Serbia, Bulgaria, Rumania, Besarabia, Moldavia, Ucrania y
el resto de la cuenca de los Cárpatos.
Bronce final en Europa
Armas propias
de la Cultura de los Campos de Urnas.
El Bronce final (aproximadamente 1250 a. C.-725 a. C.) viene determinado por la aparición y expansión de los campos
de urnas por casi todo el continente.
El cambio en el proceso funerario no se produjo de repente ni fue uniforme,
detectándose los primeros indicios de transición en Alta
Baviera (Alemania) poco antes del
1200 a. C. Este cambio ha sido relacionada a lo largo del tiempo con
pueblos de invasores indoeuropeos, a los que algunos arqueólogos incluso les han adjudicado la autoría de
todas las convulsiones que se produjeron contemporáneamente en el Mediterráneo
oriental (caída de Micenas, de los Hititas, ataques de los pueblos
del mar a Egipto, destrucción de Ugarit, etc.).
Actualmente pocos
investigadores sostienen que los grupos de los campos de urnas fueran un ente
cultural homogéneo; la opinión generalizada es que se trató simplemente de una
moda que se expandió por Europa debido a préstamos culturales o, en ciertos
casos, a movimientos limitados de pueblos. De hecho, en algunas regiones el
cambio en el comportamiento funerario fue el único que se produjo, detectándose
una clara continuidad con las estrategias económicas y sociales anteriores. El
hecho de que el germen de esta nueva moda ocupe el mismo espacio geográfico que
la cultura de los túmulos (del Bronce Medio) y que la de Unetice (del Bronce Inicial), parece confirmar que realmente existe continuidad
cultural. Por otro lado, el territorio ocupado por los campos de urnas no es
unitario, al estar formado por un conglomerado de culturas locales con
particularidades regionales específicas. Algunas áreas europeas (sur de la
península Ibérica, litoral atlántica y Escandinavia) quedaron al margen.
El rito funerario de la cremación, aunque minoritario, ya era
practicado en Europa y en esta fase se generalizó: tras su incineración, las cenizas del cadáver eran depositadas en una urna cineraria y enterrada en un
pequeño foso, junto a otras tumbas, constituyendo así, las extensas necrópolis
que dan nombre a estos grupos. Estas urnas
solían ser vasos de cerámica de forma bicónica, tapados con un cuenco, aunque
podían tener formas diversas (a veces, incluso réplicas en miniatura de casitas
de cerámica). En ocasiones, no se usaba urna.
Los
poblados son muy similares a los del
Bronce medio, pero con defensas reforzadas con terraplenes, empalizadas y
recintos amurallados de tapial y madera; además las puertas adquirieron forma
de embudo y se protegían con torreones. En el interior, casas rectangulares de
adobe con tejados de madera y paja. Suele haber numerosos silos y molinos de
vaivén, evidenciando la importancia
creciente de la agricultura frente al pastoreo, aunque éste sigue siendo
fundamental, a juzgar por la abundancia de restos de ganado bovino, ovino,
porcino y equino. Se siguió comerciando con el ámbar y la sal.
La
cultura material incluye los primeros objetos
de vidrio, seguramente incorporados del Próximo Oriente, y los grandes recipientes de bronce batido o repujado,
con formas muy diversas y alejadas de los estereotipos orientales; entre ellos
se encuentran las sítulas (que tanto
predicamento tuvieron en la posterior Edad del Hierro), a veces con una
ornamentación muy sofisticada y que se convirtieron en objetos de intercambio
muy apreciados, cuya función era sin duda ceremonial. Otros elementos ornamentales comunes fueron
los torques, los brazaletes de costilla, y las fíbulas, de diversos modelos, como
las llamadas «de anteojos» (por
el gran tamaño de su doble espiral). Entre las armas, hay una enorme variedad: las puntas de flecha de sílex
fueron definitivamente sustituidas por otras de bronce; se siguieron utilizando
hachas de combate, con talón y anillas, alabardas, lanzas; aparecieron armas
defensivas como las corazas, los escudos y los cascos. Los modelos más
representativos de espada fueron
las de puño macizo con la guarda en U,
bien con un gran pomo discoide o bien rematadas en antenas. La hoja solía ser
biselada, a veces con rica decoración, y con silueta pistiliforme.
El Bronce final atlántico es poco conocido: se da la paradoja de que
apenas se han excavado asentamientos o necrópolis, y, en cambio, abundan los
llamados escondrijos (o zulos de objetos de bronce destinados al refundido) donde se han localizado
piezas de una factura casi perfecta. Los objetos más apreciados debieron ser
las espadas, al principio
pistiliformes y al final con hoja en lengua de carpa. En el sur de las islas Británicas se han descubierto varios poblados y, entre ellos, destaca el de Itford Hill (Inglaterra), situado en
un emplazamiento elevado, con varias empalizadas defensivas que protegían una
serie desordenada de viviendas de madera y barro, de planta circular. Las
necrópolis evidencian la adopción de la cremación, con las cenizas depositadas
en urnas cinerarias o directamente en el suelo de pequeños fosos bajo túmulo.
En las regiones escandinavas
también se adoptó la incineración como ritual funerario y apareció una
industria metalúrgica más diversa y original que en la zona atlántica. A la
gran variedad de armas, hay que añadir los objetos de tocador (navajas de
afeitar, pinzas, alfileres), los vasos de bronce batido con ruedas (seguramente
votivos o ceremoniales, como el de Skallerup),
los conos de oro repujado que se exportaron por toda Europa (tal es el caso del
de Aventon, aparecido en
Francia, pero elaborado en talleres escandinavos), las trompas de chapa de
bronce y las fíbulas, casi siempre de anteojos. Los poblados encontrados
son mucho más abundantes que en el Atlántico y estaban protegidos por defensas
naturales y/o artificiales. De esta época son la mayoría de los petroglifos de
los roquedos de Noruega y Suecia, en las regiones de Escania y Uppsala, destacando la zona de Tanum
(declarada Patrimonio de la
Humanidad).
El mosaico cultural de la península Ibérica fue fruto de la
convergencia de diversas tradiciones
La península
Ibérica en el Bronce
Final
En el nordeste de la Península penetró la moda de los campos de urnas,
que, con el tiempo, siguió una evolución independiente, abarcando Cataluña y el bajo Aragón. Se conocen mejor las
necrópolis que los poblados, destacando el de La Pedrera de Vallfogona (Balaguer, Lérida).
En el noroeste se da una evolución similar a la de Bretaña y las islas
Británicas, al menos en lo que se refiere a los elementos materiales de la
cultura. Hay una clara escasez de lugares de hábitat y abundancia de objetos de
bronce: hachas de talón y anillas, calderos de chapa de tradición irlandesa,
recipientes de oro batido con motivos típicamente escandinavos. Las espadas
eran pistiliformes al principio
y de lengua de carpa al final.
En el sur se produjo un cierto estancamiento respecto al periodo
argárico. Destacan la cerámica de
retícula bruñida (con barniz rojo, bruñida y decorada por dentro con
motivos reticulados) y los enterramientos en cista, sin ajuar, cubiertos con
lajas decoradas denominadas estelas
extremeñas (en ellas se representa esquemáticamente al difunto con
diversos objetos como armas, broches, espejos e incluso carros). El ámbito
ocupado por ambos elementos coincide a grandes rasgos con lo que luego será el
territorio de Tartessos.
En las tierras del interior peninsular destacan los grupos denominados
de Cogotas
I. Su extensión sobrepasa los límites de la Meseta
Central, abarcando también el oeste
del Cantábrico, parte de Aragón, de la comunidad Valenciana y el curso medio del río Guadalquivir. Su indigenismo parece probado, pues enlaza sin solución de continuidad
con la fase del Bronce medio denominada Protocogotas
y, a través de ésta, con los horizontes epicampaniformes e, incluso, con el campaniforme tipo Ciempozuelos. Su
característica más distintiva es el tipo de decoración de su cerámica: se trata de vasos
troncocónicos o carenados con motivos de espina de pescado incisos o figuras
abstractas realizadas por las técnicas excisa y de boquique, rellenos de pasta
blanca. Las gentes de Cogotas I
habitaban pequeños poblados fortificados con viviendas cuadrangulares de adobe,
así como cuevas. Los yacimientos más abundantes de esta fase cultural son los campos de hoyos, rellenos de desechos
arqueológicos cuya función no ha podido ser explicada. Los enterramientos seguían la tradición
campaniforme, es decir, inhumaciones en foso, con un pequeño ajuar, como es el
caso de San Román de Hornija (Valladolid).
En las Baleares, y sobre todo
en Mallorca y Menorca, se desarrolló la primera fase de la cultura talayótica (que alcanzó su plenitud durante la Edad del Hierro), caracterizada por
la arquitectura ciclópea en una serie de edificios como los talayotes (o torres), las taulas y las navetas. Este fenómeno se ha relacionado con la cultura nurágica de Cerdeña. Se conocen poblados amurallados (como el de Ses Paisses) que albergan
talayotes, barrios de viviendas de mampostería e inhumaciones bajo el piso; hay
también construcciones cultuales escalonadas (tal vez templos) e, incluso,
acrópolis amuralladas en lugares de difícil acceso.
Edad del Hierro en Europa
Se llama Edad del Hierro al
período en que se desarrolló la metalurgia del hierro, metal más duro que la
aleación de bronce y uno de los elementos más abundantes de nuestro planeta.
Los primeros artefactos de hierro fundido datan del
III milenio a. C. y fueron hallados en Anatolia. A Europa
comenzaron a llegar a partir del 1200 a. C., durante el Bronce Final.
A pesar de que los minerales
de hierro son muy abundantes, su siderurgia requiere una tecnología compleja y diferente a la de otros metales
conocidos por entonces (refinado, fundido, forjado y templado), lo que
obstaculizó su difusión: durante muchos siglos el hierro fue más un objeto de
prestigio que una materia prima utilizada en herramientas de uso habitual, por
lo que el bronce no fue desbancado rápidamente. El hierro no se generalizó en
Europa hasta, aproximadamente, el año 800 a. C. y en la mayor parte del continente esta fase finalizaría con la romanización. Excepto en el norte de Alemania y en Escandinavia, donde persistió representada en las culturas de Jastorf y vikinga, respectivamente (los vikingos hasta alrededor del año 1000 de nuestra era).
En el resto de Europa este periodo suele dividirse en dos grandes fases:
La cultura de Hallstatt (800-450 a. C.) o Primera Edad del Hierro
en Europa Central, Francia y los Balcanes, es considerada heredera de los campos de urnas. Esta sociedad
estaba dirigida por unas aristocracias guerreras reflejadas claramente en la
riqueza de sus tumbas: algunas, por su contenido y su estructura, resultan claramente
principescas, con ricos ajuares depositados en grandes cámaras mortuorias de
madera. En éstas, el rito funerario predominante fue el de la inhumación bajo
túmulo, que se fue imponiendo paulatinamente sobre la incineración, aunque ésta
siguió siendo habitual en las zonas periféricas (donde suele hablarse de campos
de urnas tardíos). Al principio el uso del hierro era minoritario, pero a
partir del siglo VII a. C. se fue generalizando. Estos grupos mantenían contactos comerciales con
el Mediterráneo y con las estepas del este europeo, haciendo, posiblemente, de
intermediarios en el comercio del ámbar y el estaño con el mundo mediterráneo.
La Tène
La cultura de La Tène (450 a. C. hasta la conquista romana) o Segunda
Edad del Hierro en Centroeuropa, Francia, norte de España e Islas
británicas. El hierro se había generalizado y la economía diversificado,
naciendo lo que se ha denominado cultura céltica.35 Los asentamientos estaban fortificados y la complejidad de algunos de
ellos es propia de centros proto-urbanos (que los romanos denominaban oppidum), con una estratificación social bien diferenciada, cuya cúspide
ocupaba la nobleza guerrera. Estos aristócratas gustaban de ser inhumados en
grandes tumbas con ajuares muy ostentosos que incluyen carros de guerra,
adornos, joyas, armas y grandes vasos de cerámica importados de Grecia y
Etruria. La tumba de la princesa de Vix
es el mejor ejemplo.
La península Ibérica durante la Edad del Hierro
La relación de los tartesios (en la Primera Edad del Hierro) y de los íberos (en la segunda) con fenicios y helenos actuó de catalizador en el
desarrollo de sus respectivas sociedades, que podrían incluirse ya dentro de la
Protohistoria.
La denominada cultura
castreña se desarrolló en el noroeste
peninsular. Durante mucho tiempo se pensó que estos grupos culturales eran célticos,
pero ahora se cree que los aportes hallstátticos son menores que los atlánticos
e, incluso, que los mediterráneos. Su característica distintiva es la presencia
de poblados fortificados, situados en lugares altos, con varios cinturones de
muralla concéntricos y, en el interior, numerosas casas de piedra circulares,
sin organización urbanística (son los llamados castros). Desarrollaron una cerámica propia que comparte ciertos paralelismos
con las alfarerías meseteñas); potenciaron la metalurgia del bronce en
detrimento de la del hierro; y presentan diversas manifestaciones escultóricas,
como los guerreros lusitanos y las casas ceremoniales ornadas con portadas
laboriosamente esculpidas denominadas pedras formosas, en las citânias
portuguesas (se esculpían en edificios cuadrangulares con función religiosa
controvertida: quizás lugares de culto a los muertos, baños purificadores u
hornos para la incineración de cadáveres)
La economía era agropecuaria,
pero tenían un gran peso la recolección de frutos silvestres, la pesca y el
marisqueo. La cultura castreña galaico-portuguesa tuvo una larga pervivencia
durante el proceso de romanización peninsular, siendo una de las zonas que más se resistieron y que mejor
mantuvieron sus tradiciones.
El interior de la Península ha
sido considerado tradicionalmente como un territorio de influencia céltica. Sin
embargo, hoy se sabe que la Meseta Central mantuvo, desde el primer momento,
una fuerte tradición local y nunca llegó a desarrollarse un horizonte de campos
de urnas, aunque es imposible negar la influencia céltica.
El primero de ellos es la
llamada Facies Soto de Medinilla,
asentada en el Duero medio y que mezclaba aspectos intrusivos de gentes
foráneas con otros locales. Se trata de una cultura agrícola (basada en el
cultivo del trigo) que, a pesar de su cronología (siglo VIII a. C.-siglo V a. C.) apenas pudo conocer el hierro.
Algo más tardía es la cultura de los Castros de Soria y Guadalajara
(siglos VI y V a. C.), que en este caso es de carácter pastoril y con hábitats fuertemente
defendidos, lo que nos indica tiempos de crisis.37 El hierro comenzó a ser más abundante en esta época, posiblemente
porque se descubrieron minas en el Moncayo. Las necrópolis de campos de urnas halladas en el oriente meseteño tienen tumbas de
guerreros con un abrumador repertorio de armas de influencia hallstática, a las
que se han incorporado elementos de la tradición local. Destacan las cachas de
hueso, los pomos con antenas atrofiadas o en forma de T, y fastuosas vainas adornadas con discos, todo ello con
incrustaciones y nielados de plata con complejos motivos decorativos. Sin duda,
al margen de su utilidad bélica, se trataba de objetos que exhibían el rango
social de sus portadores.
Por último destacaría Cogotas-II (siglos
V a III a. C.), que se ha asociado a una economía pastoril y agrícola extendida por
toda la Meseta. Son característicos sus castros fuertemente protegidos por
sistemas defensivos hasta entonces desconocidos: murallas ciclópeas en varios
recintos sucesivos cada vez más inaccesibles; puertas con entradas desviadas
para exponer a los posibles atacantes a los arqueros; grandes extensiones de
piedras hincadas para repeler los ataques de la caballería. Los castros de Las
Cogotas, Las Merchanas o Sanchorreja son excelentes ejemplos.
Los elementos materiales de no parecen enlazar con la tradición de Soto de
Medinilla, excepto en pequeños detalles (sobre todo en los excelentes
objetos metálicos de prestigio), aunque en el castro de La Mota en Medina
del Campo, es posible establece una
continuidad estratigráfica entre la facies del Soto de Medinilla y el
horizonte de Cogotas II
La teoría más aceptada es que
el poblamiento humano de América se produjo desde Siberia a través del estrecho de Bering. La fecha está sujeta a controversia: unos creen que solo hay pruebas
para afirmar que los seres humanos llegaron hace unos 16 000
años; otros apuntan a un poblamiento más temprano, entre 70 000 y 45 000 años antes del presente (AP); finalmente, hay un grupo que apunta a fechas todavía más antiguas
que el 75 000 AP.39 En cualquier caso, el aislamiento de América respecto a otros
continentes fue casi absoluto (aunque se sabe que hubo varias migraciones a lo
largo de la Prehistoria), lo que justifica que no se emplee la periodización
tradicional, sino otra específica adecuada a la realidad arqueológica de este
continente. En 1958, los arqueólogos Gordon Willey
y Philip Phillips propusieron
las siguientes etapas:
Periodo Lítico o Paleoindio
Podría equipararse al Paleolítico Superior europeo, comprende desde la llegada de los primeros americanos (con una
fecha variable, según el paradigma teórico defendido) hasta el comienzo del Holoceno. Dentro de este periodo hay dos fases:
Fase
de cazadores-recolectores indiferenciados: caracterizado por una industria lítica arcaizante (cantos tallados, lascas musteroides, bifaces...); los
restos son muy escasos pero pueden ponerse ejemplos datados por encima de los
30 000 años de antigüedad en todo el continente, desde Topper (en Estados Unidos) hasta Pedra Furada (en Brasil), pasando por Tlapacoya (en México) o Monte Verde II (en Chile).
Fase
de las Puntas de proyectil: Estaríamos ante una cultura
de tecnología lítica muy avanzada y con una economía basada en la caza de
piezas de mediano y gran tamaño. Aparece hace unos 13 000 años y se
caracteriza por diversos tipos de puntas de lanza foliáceas finamente elaboradas,
las más famosas son las de la cultura
Clovis (Nuevo
México), aunque, por supuesto, hay
muchas más. A destacar, por situación geográfica, la Cueva
Fell (en Tierra del Fuego, Chile), cuyas puntas, llamadas de «cola de pescado», se datan en el 7000 a. C.
Periodo Arcaico
Hacia el VIII milenio a. C., a finales de la última glaciación, los antiguos americanos comienzan a
experimentar con el cultivo de plantas y la cría de animales, iniciando un
largo proceso hacia las primeras poblaciones sedentarias. Esta transición fue
más en el centro- noroeste del Perú y en el sur de México (las dos zonas nucleares fundamentales de América). También aparecen los primeros poblados estables y numerosas culturas
que viven de la explotación intensiva de recursos oceánicos, cuyos restos más
típicos son los concheros, grandes montones de desperdicios de conchas de moluscos. Progresivamente, las comunidades van dependiendo más y más del
producto de la agricultura, la ganadería y de la pesca.
Arcaico Tardío
Periodo Formativo
Sería el equivalente a la Protohistoria europea, pero más dilatada; inmediatamente después de esta fase
aparecen las primeras formas de escritura y las grandes civilizaciones clásicas
como la de los mayas o los Moche. Evidentemente, destaca por novedades como la agricultura, la
ganadería, la cerámica... Entre los 4000 a. C. y el comienzo de nuestra era. También se produce la aparición de las
primeras sociedades jerarquizadas con formas de gobierno relativamente
complejas; de hecho, hay grandes civilizaciones como la de los Olmecas en Mesoamérica y la Cultura
Chavín en Sudamérica, que llegan a dominar extensos territorios y a construir importantes
centros urbanos en torno a santuarios dedicados al Dios Jaguar. Otras culturas
reseñables son las de los Anasazi y sus similares (Arizona), así como los constructores de
Montículos de Norteamérica.
Umbral de la historia
americana
En América, la utilización de cobre nativo se remonta hacia el 900 a. C.; poco después comienza una metalurgia auténtica, basada en cobre y, sobre todo, oro y plata. El bronce no aparece hasta poco antes
del año 900. El hierro no se conoció
hasta la llegada de los europeos. Arriba se explica que durante las fases
finales de los olmecas, al comenzar nuestra era, nació la escritura en
Mesoamérica: estaríamos, pues, entrando ya en la Historia. Esto se corrobora
con el hallazgo reciente de ciertos objetos extraídos de zonas donde tuvieron
lugar asentamientos olmecas (Tabasco y Veracruz, México) cuya datación mediante
el carbono 14 sitúa su origen alrededor del año 900 a. C. Estos elementos presentan glifos que, por sus características, han
permitido suponer que el sistema de símbolos empleados fue la base de la
escritura maya, que alcanzó su mayor perfeccionamiento entre el 200 y el 900 d. C.
Evolución humana
La evolución humana (u hominización) explica el proceso
de evolución biológica de la especie humana desde
sus ancestros hasta el estado actual. El estudio de dicho proceso requiere un
análisis interdisciplinar en el que se aúnen conocimientos procedentes de
ciencias como la genética, la antropología física, la paleontología, la estratigrafía, la geocronología, la arqueología y
la lingüística.
El término humano,
en el contexto de su evolución, se refiere a los individuos del género Homo. Sin embargo, los estudios de
la evolución humana incluyen otros homínidos, como Ardipithecus, Australopithecus, etc.
Al analizar el genoma humano se ha descubierto
que en su proceso evolutivo hay varios hechos que destacar.
Etapas en la línea evolutiva
humana
Los pre-australopitecinos
Los primeros posibles homínidos bípedos (homininos) son Sahelanthropus tchadiensis (con una antigüedad de 7 millones de años y encontrado en el Chad, pero que genera muchas dudas acerca de su adscripción a nuestra línea
evolutiva), Orrorin tugenensis (con unos 6 millones de años y hallado en África
Oriental) y Ardipithecus (entre
5,5-4,5 millones de años y encontrado en la misma región). Los fósiles de estos
homínidos son escasos y fragmentarios y no hay acuerdo general sobre si eran
totalmente bípedos.
Los
australopitecinos
Los primeros homínidos de los
que se tiene la seguridad de que fueron completamente bípedos son los miembros
del género Australopithecus, de los que se han conservado esqueletos muy completos (como el de la
famosa Lucy).
Este tipo de hominino prosperó en las sabanas arboladas del este de África entre 4 y 2,5 millones de años atrás con notable éxito ecológico,
como lo demuestra la radiación que experimentó, con al menos cinco especies diferentes
esparcidas desde Etiopía y
el Chad hasta Sudáfrica.
Su desaparición se ha atribuido a la crisis climática que se inició hace
unos 2,8 millones de años y que condujo a una desertificación de la sabana con
la consiguiente expansión de los ecosistemas abiertos, esteparios.
Los
primeros Homo
No se sabe con certeza qué especie originó los primeros miembros del
género Homo; se han propuesto
a A. africanus, A. afarensis y A. garhi, pero no hay un acuerdo general. También se ha sugerido que Kenyanthropus platyops pudo ser el antepasado de los primeros Homo.
Clásicamente se consideran como perteneciente al género Homo los homínidos capaces de
elaborar herramientas de piedra. Las primeras herramientas eran muy simples y
se encuadran en laindustria lítica conocida como Olduvayense o Modo 1. Las más antiguas proceden de la región de Afar (Etiopía) y su
antigüedad se estima en unos 2,6 millones de años, pero no existen fósiles
de homínidos asociados a ellos.
El poblamiento
de Eurasia
Esta es sin
duda la etapa más confusa y compleja de la evolución humana. El sucesor
cronológico de los citados Homo rudolfensis y Homo habilis es Homo ergaster, cuyos
fósiles más antiguos datan de hace aproximadamente 1,8 millones de años, y su
volumen craneal oscila entre 850 y 880 cm³.
Morfológicamente es muy similar a Homo erectus y en
ocasiones se alude a él como Homo
erectus africano. Se supone que fue el primero de nuestros
antepasados en abandonar África; se han hallado fósiles asimilables a H. ergaster (o tal vez a Homo habilis) en Dmanisi (Georgia), datados
en 1,8 millones de años de antigüedad y que se han denominado Homo georgicus que
prueban la temprana salida de África de nuestros antepasados remotos.
Parece que el flujo
genético entre las poblaciones
africanas, asiáticas y europeas de esta época fue escaso o nulo. Homo erectus pobló Asia Oriental
hasta hace solo unos 50.000 años (yacimientos del río Solo en
Java) y que pudo diferenciar especies independientes en condiciones de
aislamiento, como Homo floresiensis de la Isla de Flores (Indonesia). Por su parte, en Europa se tiene constancia de la presencia humana
desde hace casi 1 millón de años (Homo antecessor), pero se
han hallado herramientas de piedra más antiguas no asociadas a restos fósiles
en diversos lugares.
Los últimos representantes de esta fase de nuestra evolución son Homo heidelbergensis en Europa, que supuestamente está en la línea evolutiva de los
neandertales, y Homo rhodesiensis en África que sería el antepasado del hombre moderno.
Nuevos
orígenes en África
La fase final de la evolución de la especie humana está presidida por
tres especies humanas inteligentes, que durante un largo periodo convivieron y
compitieron por los mismos recursos. Se trata del Hombre de Neanderthal (Homo neanderthalensis), la especie del homínido de Denisova y el hombre moderno (Homo sapiens).
El Hombre de Neanderthal surgió y evolucionó en Europa y Oriente Medio hace unos 230.000 años, presentando claras adaptaciones al
clima frío de la época (complexión baja y fuerte, nariz ancha).
El homínido de Denisova vivió hace 40.000 años en los montes Altai y probablemente en otras áreas en las cuales también vivieron
neandertales y sapiens. El análisis del ADN
mitocondrial indica un ancestro femenino
común con las otras dos especies hace aproximadamente un millón de
años. La secuencia de su genoma ha revelado que habría compartido con los neandertales un ancestro
hace unos 650.000 años y con los humanos modernos hace 800.000 años. Un molardescubierto presenta características morfológicas claramente diferentes
a las de los neandertales y los humanos modernos.
Se tiene la casi plena certeza de que el Hombre de Neandertal no es ancestro del ser humano actual, sino una especie de línea
evolutiva paralela derivada también del Homo erectus/Homo ergaster a través del eslabón conocido como Homo heidelbergensis. El neandertal coexistió con el Homo sapiens y quizá terminó extinguido por la competencia
con nuestra especie. Si existió algún mestizaje entre ambas especies, el aporte
a la especie humana actual ha sido, en lo genético, inferior al 5%. En cuanto
al llamado Hombre de Cro-Magnon corresponde a las poblaciones de Europa Occidental de la actual
especie Homo sapiens.
Homo sapiens
Origen
de los humanos modernos
Los parientes vivos más cercanos a nuestra especie son los grandes
simios: el gorila, el chimpancé, el bonobo y el orangután.
Los fósiles más antiguos de Homo
sapiens tienen una antigüedad de casi 200.000 años y proceden
del sur de Etiopía (formaciónKibish del río Omo),
considerada como la cuna de la humanidad (véase Hombres
de Kibish). A estos restos fósiles
siguen en antigüedad los de Homo sapiens idaltu, con unos 160.000 años.
Biocronología de Hominina
|
Algunos datos de genética molecular concordantes con hallazgos paleontológicos, sostienen que todos
los seres humanos descienden de una misma Eva
mitocondrial o E.M., esto quiere
decir que, según los rastreos del ADNmt - que sólo se transmite a través de las
madres-, toda la humanidad actual
tiene una antecesora común que habría vivido en el noreste de África,
probablemente en Tanzania (dada
la mayor diversidad genética allí) hace entre 150.000 y 230.000
años (ver haplogrupos de ADN mitocondrial
humano).
Otros indicios derivados de muy recientes investigaciones sugieren que
la de por sí exigua población de Homo
sapiens hace unos 74.000 años se redujo al borde de la extinción al
producirse el estallido del volcán Toba, según la Teoría de la catástrofe de Toba, volcán ubicado en la isla de Sumatra, cuyo estallido ha dejado como rastro el lago
Toba.
Migraciones
prehistóricas de Homo sapiens
Junto a los hallazgos arqueológicos, los principales indicadores de la
expansión del ser humano por el planeta son el ADN
mitocondrial y el cromosoma
Y, que son característicos de la descendencia por
línea materna y paterna respectivamente.
Los humanos ya habrían comenzado a salir de África unos 90.000 años
antes del presente; colonizando para esas fechas el Levante mediterráneo (Estos restos fósiles han sido atribuibles a tempranos Homo sapiens, pero su relación real
con los humanos modernos es muy discutible).
Australia y Nueva
Guinea: la Línea de Wallace no significó para los Homo
sapiens un límite insuperable para acceder a esta región. La
llegada de humanos a Australia se data hace unos 50.000 años cuando pudieron
fabricar rústicas almadías o balsas de juncos para atravesar el estrecho que
separaba a Sahul de la región de la Sonda.
Europa: comenzó a ser colonizada hace sólo unos 40.000 años, se supone que
durante milenios el desierto de Siria resultaba una barrera infranqueable desde África hacia Europa, por lo
que habría resultado más practicable una migración costera desde las costas de
Eritrea a las costas yemeníes y de allí al subcontinente indio. La expansión
por Europa coincide con la extinción de su coetáneo de entonces, el hombre de Neandertal.
Oceanía: la colonización de estas islas más próximas a Eurasia se habría
iniciado hace unos 50.000 años, pero la expansión por esta MUG (macro-unidad geográfica) fue muy lenta y gradual, y hace unos
5.000 años pueblos austronesios comenzaron una efectiva expansión por Oceanía, aunque archipiélagos como el de Hawái y Nueva Zelanda no estaban aún poblados por seres humanos hace 2.000 o 1.500 años.
América: la llegada del hombre a América, se habría iniciado hace unos 20.000 o, al menos, 15.000 años, aunque
no hay consenso al respecto. Durante las glaciaciones el nivel de los océanos
desciende al grado que el "Viejo Mundo" y el "Nuevo Mundo"
forman un mega continente unido por el Puente de Beringia.
Cambios evolutivos
Aspectos
morfológicos
Diferencias
con otros primates
Cuando los ancestros del Homo
sapiens y otros muchos primates vivían en selvas comiendo frutos,
bayas y hojas, abundantes en vitamina
C, pudieron perder la capacidad genética, que
tiene la mayoría de los animales, de sintetizar en su propio organismo tal
vitamina. Tales pérdidas durante la evolución han implicado sutiles pero
importantes determinaciones: cuando las selvas originales se redujeron o, por
crecimiento demográfico, resultaron superpobladas, los primitivos homininos (y
luego los humanos) se vieron forzados a recorrer importantes distancias,
migrar, para obtener nuevas fuentes de nutrientes (por ejemplo de la citada
vitamina C).
Cerebración
La cerebración y la corticalización son temas
que requieren, por sí solos, artículos propios, dado el alcance y la
importancia de dichos procesos. Aquí importa comentar de lo mínimo
indispensable para comprender la evolución humana.
La cerebración tanto como la corticalización son fenómenos biológicos
muy anteriores a la aparición de los homínidos, sin embargo en éstos, y en
especial en Homo sapiens,
la cerebración y la corticalización adquieren un grado superlativo (hasta el
punto que Theilard de Chardin enunció una curiosa teoría, la de la noósfera y noogénesis, esto es:
teoría del pensar inteligente, que se basa en la evolución del cerebro).
En Homo sapiens el
volumen oscila entre los 1.200 a 1.400 cm3, siendo el promedio
global actual de 1.350 cm3; sin embargo no basta un incremento del
volumen, sino cómo se dispone; esto es: cómo está dispuesta la
"estructura" del sistema nervioso central y del cerebro en
particular. El cráneo de Homo
sapiens no sólo tiene una frente prominente sino que es también más
alto en el occipucio (cráneo
muy abovedado), esto permite el desarrollo de los lóbulos frontales. De todos
los mamíferos, Homo sapiens es
el único que tiene la faz ubicada bajo los lóbulos frontales.
Sin embargo, aún más importante para la evolución del encéfalo parecen haber sido las mutaciones en el posicionamiento del esfenoides.
Es casi seguro que ya hace 200.000 años los sujetos de la especie Homo sapiens tenían un potencial
intelectual equivalente al de la actualidad, pero para que se activara tal
potencial tardaron milenios: el primer registro de conducta artística conocido
se data hace sólo unos 75.000 años, los primeros grafismos y expresiones netamente simbólicas fuera del lenguaje hablado se
datan hace sólo entre 40.000 y 35.000 años.
La cabeza de Homo sapiens,
para contener tal cerebro, es muy grande; aún en el feto y en el neonato, razón
principal por la cual lospartos son difíciles, sumada a
la disposición de la pelvis.
Una solución parcial a esto es la heterocronía: el neonato humano está muy incompletamente desarrollado en el momento
del parto; puede decirse (con algo de metáfora) que la gestación en
el ser humano no se restringe a los ya de por sí prolongados nueve meses intrauterinos,
sino que se prolonga extrauterinamente hasta, al menos, los cuatro primeros
años; en efecto, el infante está completamente
desvalido durante años, tan es así que, que entre los 2 a 4 años es cuando
tiene lo suficientemente desarrolladas las áreas visuales del cerebro como para
tener una percepción visual de su propio ser (Estadio del espejo descubierto por Jacques
Lacanen la década
de 1930). Ahora bien, si Homo sapiens tarda mucho en
poder tener una percepción plena de su imagen corporal es interesante saber que
es uno de los pocos animales que se percibe al ver su imagen reflejada (sólo se
nota esta capacidad enbonobos, chimpancés, y si acaso en gorilas, orangutanes, delfines y elefantes).
Pero no basta el desarrollo cronológico. Para que el cerebro humano se
"despliegue" -por así decirlo- o desarrolle requiere de estimulación
y afecto; de otro modo la organización de algunas de las áreas del cerebro
puede quedar atrofiada.
Bipedestación
Los Homininos, primates
bípedos, habrían surgido hace unos 6 ó 7 millones de años en África, cuando dicho continente se encontró afectado por una progresiva desecación que redujo las
áreas de bosques y selvas. Como adaptación al bioma de sabana aparecieron primates capaces de caminar fácilmente de modo bípedo y mantenerse erguidos (East
Side Story;). Más aún, en un medio
cálido y con fuerte radiación ultravioleta e infrarroja algunas
de las mejores soluciones adaptativas son la marcha bípeda y la progresiva
reducción de la capa pilosa, lo que evita el excesivo recalentamiento del
cuerpo. Hace 150.000 años el norte de África volvió a sufrir una intensa
desertización lo cual significó otra gran presión evolutiva como para que se
fijaran los rasgos principales de la especie Homo sapiens.
Para lograr la postura y marcha erecta han tenido que aparecer
importantes modificaciones:
·
Cráneo. Para permitir la bipedestación, el foramen
magnum (u orificio occipital
por el cual la médula
espinal pasa del cráneo a la
raquis) se ha desplazado; mientras en los simios el foramen magnum se ubica en
la parte posterior del cráneo, en el Homo sapiens(y
en sus ancestros directos) el foramen magnun se ha "desplazado" casi
hacia la base del mismo.
·
Columna
vertebral. La columna
vertebral bastante rectilínea en
los simios, en el Homo sapiens y
en sus ancestros bípedos ha adquirido curvaturas que permiten soportar mejor el
peso de la parte superior del cuerpo, tales curvaturas tienen un efecto
"resorte". Por lo demás la columna vertebral ha podido erguirse casi
90º a la altura de la pelvis; si se compara con un chimpancé se nota que al carecer este primate de la curva lumbar, su cuerpo
resulta empujado hacia adelante por el propio peso.
·
Pelvis. La pelvis se ha debido ensanchar, lo cual ha sido fundamental en la
evolución de nuestra especie. Los huesos ilíacos de la región pelviana en
los Homo sapiens (e
inmediatos antecesores) "giran" hacia el interior de la pelvis, esto
le permite soportar mejor el peso de los órganos al estar en posición erecta.
La citada modificación de la pelvis implica una disminución importante en la
velocidad posible de la carrera por parte de los humanos. La bipedestación
implica una posición de la pelvis, que hace que las crías nazcan "prematuras": en efecto, el
parto humano es denominado ventral acodado ya que existe casi un ángulo recto
entre la cavidad abdominal y la vagina que en el pubis de la mujer es casi frontal, si en todos los
otros mamíferos el
llamado canal de partoes muy breve, en cambio en las
hembras de Homo sapiens es
muy prolongado y sinuoso, esto hace dificultosos los alumbramientos.
·
Piernas. También para la bipedestación ha habido otros cambios morfológicos muy
importantes y evidentes, particularmente en los miembros y articulaciones. Los miembros inferiores se han robustecido, el fémur humano se inclina hacia
adentro, de modo que le posibilita la marcha sin necesidad de girar casi todo
el cuerpo; la articulación de la rodilla se ha vuelto casi omnidireccional
(esto es, puede moverse en diversas direcciones), aunque en los monos -por
ejemplo el chimpancé- existe una
mayor flexibilidad de la articulación de la rodilla, lo que facilita un mejor desplazamiento por las copas de los árboles, es así que el humano a diferencia de sus parientes más próximos no
marcha con las rodillas dobladas.
·
Pies. En los humanos los pies se han alargado, particularmente en el talón, reduciéndose algo los dedos del pie y dejando de ser oponible el
"pulgar" del pie (el dedo
mayor), en líneas generales el pie ha perdido casi totalmente la capacidad de aprehensión. Se sabe,
en efecto, que el pie humano ha dejado de estar capacitado para aferrarse (cual
si fuera una mano) a las ramas, pasando en cambio a tener una función
importante en el soporte de todo el cuerpo.
Ventajas y desventajas de la
bipedestación
Es evidente que la gran cantidad de modificaciones anatómicas que
condujeron del cuadrupedismo al bipedismo requirió una fuerte presión
selectiva. Se ha discutido mucho sobre la eficacia e ineficacia de la marcha
bípeda comparada con la cuadrúpeda. También se ha notado que ningún otro animal
de los que se adaptaron a la sabana al final de Mioceno desarrolló una marcha bípeda. Hemos de tener en cuenta que
partimos de homínidos con un tipo de desplazamiento cuadrúpedo poco eficaz para
largos desplazamientos en terreno abierto: el modo en que se desplazan los
chimpancés, apoyando la segunda falange de los dedos de las manos no puede compararse a la marcha cuadrúpeda de ningún otro mamífero. Los primeros homínidos de sabana probablemente se vieron obligados a
desplazarse distancias considerables en campo abierto para alcanzar grupos de
árboles situados a distancia. La marcha bípeda pudo ser muy eficaz en estas
condiciones ya que:
·
Permite otear el horizonte por
encima de la vegetación herbácea en busca de árboles o depredadores.
·
Permite transportar cosas
(como comida, palos, piedras o crías) con las manos, liberadas de la función
locomotora.
·
Es más lenta que la marcha
cuadrúpeda, pero es menos costosa energéticamente, lo que debería ser
interesante para recorrer largas distancias en la sabana, o en un hábitat más
pobre en recursos que la selva.
·
Expone menos superficie al sol
y permite aprovechar la brisa, lo que ayuda a no recalentar el cuerpo y ahorrar
agua, cosa útil en un hábitat con escasez del líquido elemento.
Pero la bipedestación trajo una desventaja en la reproducción, ya que el hecho de pasar del cuadrupedismo al bipedismo conllevó un
cambio anatómico de las caderas, con gran reducción del canal del parto que hacía más difícil y
doloroso el alumbramiento, tal como se demuestra cuando se compara la cadera de un chimpancé promedio con la de un Australopithecus como Lucy, quienes además presentan un
tamaño de cerebro similar.
LIBERACIÓN
DE LOS MIEMBROS SUPERIORES
La postura bípeda dejó libres los miembros superiores que ya no tienen
que cumplir la función de patas (excepto en los niños muy pequeños) ni la
de braquiación, es decir, el desplazamiento de rama en rama con los brazos, aun cuando
la actual especie humana, de la cintura hacia arriba mantenga una complexión de
tipo arborícola.
Esta liberación de los miembros superiores fue, en su inicio, una
adaptación óptima al bioma de sabana; al marchar bípedamente y con los brazos
libres, los ancestros del hombre podían recoger más fácilmente su comida;
raíces, frutos, hojas, insectos, huevos, reptiles pequeños, roedores y carroña;
en efecto, muchos indicios hacen suponer como probable que nuestros ancestros
fueran en gran medida carroñeros y, dentro del carroñeo, practicaran la
modalidad llamada cleptoparasitismo, esto es, robaban las presas recién cazados por especies netamente
carnívoras; para tal práctica, nuestros ancestros debían haber actuado en
bandas, organizadamente.
Los miembros superiores, siempre en relación con otras especies, se han
acortado. Estos miembros superiores al quedar liberados de funciones
locomotoras, se han podido especializar en funciones netamente humanas. El
pulgar oponible es una característica heredada de los primates más antiguos,
pero si en éstos la función principal ha sido la de aferrarse a las ramas y en
segundo lugar aprehender las frutas o insectos que servían de alimento, en la
línea evolutiva que desemboca en nuestra especie la motilidad de la mano, y en
particular de los dedos de ésta, se ha hecho gradualmente más precisa y
delicada lo que ha facilitado la elaboración de artefactos; aún (junio de 2005)
no se tiene conocimiento respecto al momento en que la línea evolutiva comenzó
a crear artefactos, es seguro que hace ya más de 2 millones de años Homo habilis/Homo rudolfensis realizaba toscos instrumentos que utilizaba asiduamente (en todo
caso, los chimpancés, en estado silvestre, confeccionan
"herramientas" de piedra, madera y hueso muy rudimentarias). El
desarrollo de la capacidad de pronación en la articulación de la muñeca también ha sido importantísimo para la capacidad de
elaborar artefactos.
VISIÓN
El humano hereda de los prosimios la visión estereoscópica y pancromática (la capacidad de ver una
amplia tonalidad de los colores del espectro visible); los ojos en la parte delantera de la cabeza posibilitan la visión
estereoscópica (en tres dimensiones), pero si esa característica surge en los
prosimios como una adaptación para moverse mejor durante la noche o en
ambientes umbríos como los de las junglas, en Homo sapiens tal
función cobra otro valor; facilita la mirada a lontananza, el otear horizontes,
en este aspecto la visiones bastante más aguda en los humanos que en los otros primates y en los
prosimios. Esto facilitará el hecho por el cual Homo sapiens sea un ser altamente visual (por ejemplo las
comunicaciones mediante la mímica), y facilitará asimismo lo imaginario.
ESPECIALIZACIÓN
Pese al conjunto de modificaciones morfológicas antes reseñadas, desde
el punto de vista de la anatomía comparada, llama la atención una
cuestión: Homo sapiens es
un animal relativamente poco especializado. En efecto, gran parte de las
especies animales ha logrado algún tipo de especialización anatómica (por
ejemplo los artiodáctilos poseen pezuñas que les permiten correr en las llanuras despejadas), pero las
especializaciones, si suelen ser una óptima adaptación a un determinado bioma, conllevan el riesgo de la desaparición de la especie especializada y
asociada a tal bioma si éste se modifica.
La ausencia de tales especializaciones anatómicas ha facilitado a los
humanos una adaptabilidad inusitada entre las demás especies de vertebrados para adecuarse a muy diversas condiciones ambientales.
Más aún, aunque parezca paradójico, Homo sapiens tiene características neo
técnicas. En efecto, la estructura
craneal de un Homo sapiens adulto
se aproxima más a la de la cría de un chimpancé que a la de un chimpancé
adulto: el rostro es achatado ("ortognato" o de "bajo índice
facial") y es casi inexistente el torus supraorbitario (en la humanidad actual apenas se
encuentran vestigios de torus en
las poblaciones llamadas australoides). De otro modo se puede decir que los
arcos superciliares de Homo
sapiens son "infantiles", delicados, el rostro aplanado o
ligeramente prognato.
Homo sapiens es, por su anatomía, un animal muy vulnerable si se encuentra en
condiciones naturales.
Asociado al hecho por el cual morfológicamente el ser humano tenga
características que le aproximan a las de un chimpancé "niño" se
encuentra el 'ortognatismo' y esto quiere decir, entre otras cuestiones, que
los dientes de Homo sapiens son
relativamente pequeños y poco especializados, las mandíbulas, por esto, se ha abreviado y hecho más delicadas, falta además el diastema o espacio en donde encajan los colmillos. La debilidad de las mandíbulas humanas las hace casi totalmente
inútiles para la defensa a mordiscos ante un predador y, asimismo, son muy
deficientes para poder consumir gran parte del alimento en su estado natural,
lo que es uno de los muchos déficits corporales que llevan al humano a vivir en
una sociedad organizada.
ASPECTOS
CULTURALES
APARICIÓN
DEL LENGUAJE SIMBÓLICO
Hablar de la aparición del lenguaje humano, lenguaje simbólico, por lógica parecería implicar que hay
que hablar previamente de la cerebración,
y eso es bastante cierto, pero el lenguaje humano simbólico tiene sus
antecedentes en momentos y cambios morfológicos que son previos a cambios
importantes en la estructura del sistema nervioso central. Por ejemplo, los chimpancés pueden realizar un esbozo primario de lenguaje simbólico basándose en
la mímica (de un modo semejante a un sistema muy simple de comunicación
para sordomudos).
Ahora bien, el lenguaje simbólico por excelencia es el basado en
los significantes acústicos, y para que una especie tenga la capacidad de articular
sonidos discretos, se requieren más innovaciones morfológicas, algunas de ellas
muy probablemente anteriores al desarrollo de un cerebro lo suficientemente
complejo como para pensar de modo simbólico. En efecto, observemos la orofaringe y la laringe: en los mamíferos, a excepción del humano, la laringe se encuentra en la parte alta de
la garganta, de modo que la epiglotis cierra la tráquea de un modo estanco al beber e ingerir comida. En cambio, en Homo sapiens, la laringe se ubica más
abajo, lo que permite a las cuerdas
vocales la producción de sonidos
más claramente diferenciados y variados, pero al no poder ocluir completamente
la epiglotis, la respiración y la ingesta deben alternarse para que el sujeto
no se ahogue. El acortamiento del prognatismo que se compensa con una elevación de la bóveda
palatina facilita el lenguaje
oral. Otro elemento de relevante importancia es la posición y estructura
del hioides, su gracilidad y motilidad permitirán un lenguaje oral lo
suficientemente articulado.
Estudios realizados en la Sierra de Atapuerca (España) evidencian que Homo antecesor, hace unos 800.000 años, ya tenía la capacidad, al menos en su aparato
fonador, para emitir un lenguaje oral lo suficientemente articulado como para
ser considerado simbólico, aunque la consuetudinaria fabricación de utensilios
(por toscos que fueran) por parte del Homo habilis hace unos 2 millones de años, sugiere que en éstos ya existía un
lenguaje oral articulado muy rudimentario pero lo suficientemente eficaz como
para transmitir la suficiente información o enseñanza para la confección de los toscos artefactos.
Además de todas las condiciones recién mencionadas, imprescindibles para
la aparición de un lenguaje simbólico, se debe hacer mención de la aparición
del gen FOXP2 que resulta básico para la posibilidad de tal lenguaje y del
pensamiento simbólico, como se verá a continuación.
FUTURO DE LA EVOLUCIÓN HUMANA
Se han realizado diferentes
hipótesis sobre las posibilidades respecto a la evolución futura del ser humano, entre ellos destacan.
Una línea del pensamiento que asegura
que la especie humana ha dejado de evolucionar de la misma forma que el resto
de los seres vivos. La razón que plantea es que los avances en la ciencia ahora permiten sobrevivir a personas
que de otra forma habrían muerto (eliminación o alteración del proceso de la
presión selectiva (Selección natural; como también la existencia de una
movilidad a nivel global, diluyendo así cualquier novedad genética en una
población tan grande (eliminación de la deriva genética).
Sin embargo, existen también otras
posturas que consideran que son precisamente los adelantos tecnológicos los que
impulsan actualmente la evolución humana. Por una parte, se ha propuesto que el
entorno actual favorece la
reproducción de las personas inteligentes,
independientemente de su fuerza física o su estado de salud. Además, es posible
que la ingeniería genética
humana permita seleccionar las
características genéticas de la descendencia.
Por otra parte, también se ha
propuesto que en el futuro la tecnología posibilite a las personas vivir como cyborg o incluso como seres digitales dentro de cuerpos o estructuras
completamente artificiales.
CONCLUSIÓN
El rito funerario de la cremación, aunque
minoritario, ya era practicado en Europa y en esta fase se generalizó tras su incineración, las
cenizas del cadáver eran depositadas en una urna cineraria y enterrada en un pequeño foso, junto a otras
Las tumbas principescas con
ricos ajuares y complejas estructuras que las distinguían de las demás.
Es importante el saber cómo hemos
evolucionado porque ya no tenemos por ejemplo cola, colmillos grandes y el que
espero sigamos evolucionando por todas las enfermedades que existen nuestros
cuerpos deben de crear defensas y esa es la forma de evolucionar así como
muchos otros ejemplos.
Nos hemos dado
cuenta de cómo el hombre ha ido evolucionando en el tiempo sin importar las
condiciones en que se encontraba. Esta evolución es la que ha permitido que
seamos cómo somos actualmente y nadie sabe cómo seremos en un futuro ya
que hay un proceso continuo de adaptación el cuál irá modificando conductas y
perfeccionando los eslabones que permiten nuestra evolución en el tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario